LA REFERENCIA AL ÉXODO EN LA PROFECÍA DE JEREMÍAS Y EZEQUIEL

LA REFERENCIA AL ÉXODO EN LA PROFECÍA DE JEREMÍAS Y EZEQUIEL.

 Por Francesc Ramis Darder.

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El tema del éxodo es profundo y las profecías de Jeremías y Ezequiel extensas. El objetivo del estudio estriba en describir, a grandes trazos, las referencias expresas al éxodo que aparecen en Jeremías y Ezequiel. Comenzaremos situando las perícopas referidas, claramente, al éxodo en la profecía de Jeremías en dos lugares: Los oráculos sobre Israel y Judá contenidos en Jr 1,4-25,13a; y las promesas de salvación y consuelo contenidas en Jr 26,1-35,19; estableciendo para cada uno de los textos una conclusión parcial. Seguidamente abordaremos la profecía de Ezequiel, apreciando las referencias al éxodo en la narración de las infidelidades de Israel en Ez 20,1-44; y en la historia simbólica de Israel y Judá presente en Ez 23,1-49; concluiremos el análisis con una conclusión parcial de cada perícopa. Finalmente extraeremos una conclusión global que exponga, brevemente, el uso de las referencias al éxodo en el texto de Jeremías y Ezequiel.

1. Posición de las perícopas referentes al éxodo contenidas en el libro de Jeremías.

El libro del profeta Jeremías, en su versión hebrea, presenta una estructura compleja.1 Las referencias explícitas al éxodo acontecen en dos secciones del libro de Jeremías: En los oráculos sobre Jerusalén y Judá (Jr 1,4-25,13a); y en el apartado final (Jr 30,1-34,22) de la sección sobre las promesas de salvación y consuelo (Jr 26,1-35,19). Analicemos las dos secciones donde consta expresamente la referencia al éxodo.2

2. Las referencias al éxodo en los oráculos sobre Judá y Jerusalén: Jr 1,4-25,13a.

Podemos situar las referencias al éxodo contenidas en los oráculos sobre Judá y Jerusalén en tres apartados. El primero Jr 1,4-6,30 refleja acontecimientos de la época de Josías (640-609). El segundo Jr 7,1-20,18 muestra el eco de la situación del período de Joaquín (609-597). El tercero Jr 21,1-25,13 alude a situaciones posteriores al gobierno de Joaquín (597-587.582).3

2.1. El reflejo de la época de Josías: Jr 1,4-6,30.

El Señor comienza su invectiva contra el pueblo utilizando el halago como recurso retórico: “Recuerdo de ti tu cariño juvenil y el amor de tu noviazgo […] aquel seguirme tú por el desierto” (Jr 2,2).4 Sin embargo el halago se troca en censura. El Señor recrimina a su pueblo el abandono de la ley para decantarse por la falsedad idolátrica. Rememorando la travesía del desierto denuncia Yahvé: ¿Qué encontraron vuestros padres en mí de torcido que se alejaron de mi lado para ir tras los ídolos (lbh) y hacerse idólatras (lbh)?5 (Jr 2,5). El Señor recuerda después, con amargura, como el pueblo liberado de Egipto le abandonó: “Dijeron: “¿Dónde está Yahvé, que nos subió desde Egipto, nos llevó por el desierto, la estepa y la paramera por tierra seca y sombría, una tierra intransitada en donde nadie se asienta?6 (Jr 2,6). Seguidamente el Señor rememora como regaló a su pueblo la tierra prometida, y le reprocha que la haya degradado: “Llegasteis y ensuciasteis mi tierra, y dejasteis asquerosa mi heredad” (Jr 2,7; cf. Ex 3,8; Dt 8,7-10).

La voz divina denuncia por qué el incumplimiento de la Ley ha corrompido la Tierra Prometida una vez ocupada: “Los sacerdotes no se preguntaban: ¿Dónde está Yahvé?; ni los maestros de la Ley me conocían; los pastores se rebelaron contra mí, los profetas profetizaban en nombre de Baal y andaban tras aquello que no salva” (Jr 2,8).7 Finalmente, el Señor, sintetiza la causa de la desgracia de Israel: “Mi pueblo ha trocado su Gloria por lo que no salva” (Jr 2,11): la “Gloria” (dbk) se refiere a Dios (Ex 24,16), mientras “lo que no salva” (ly[wy awlb) alude a los ídolos (Is 44,9).8

Los textos de Jr 2,6.7.8.11 que hemos referido, aparecen enmarcados en el la situación histórica propiciada por la presencia de tres imperios: el imperio egipcio, la decadente Asiria y la emergente Babilonia durante el reinado de Josías (640-609 aC). El profeta Jeremías muestra la duda de Judá entre mantenerse fiel a la alianza con Dios, o decantarse por el favor de algún imperio para subsistir como nación. El Señor, por boca de Jeremías, recuerda a su pueblo las desgracias que conllevó abandonarle a Él tras la salida de Egipto para abrazarse a los ídolos; y le advierte, además, de las consecuencias del rechazo de la seguridad divina para buscar la vana protección de las grandes potencias, metáfora de la falsa seguridad de los ídolos9.

Por esa razón dice Dios a su pueblo: “¡Acaso no te ha sucedido eso10 por haber dejado a Yahvé tu Dios cuando te guiaba en tu camino? (Jr 2,17). El Señor remacha su postura mostrando la necedad de adherirse a la pujanza egipcia o a la decadencia asiria diciendo: “¿qué cuenta te tiene encaminarte a Egipto para beber las aguas del Nilo?11, o ¿qué cuenta te tiene encaminarte a Asiria para beber las aguas del Río? (Jr 2,18). Y el Señor concluye su invectiva mostrando a Israel el desastre que implicará abandonar su la alianza para establecer un pacto con las potencias extranjeras: “También de Egipto te avergonzarás como te avergonzaste de Asiria” 12(Jr 2,36).

Pero la idolatría de Israel no se agota en el deseo de apoyarse en potencias efímeras, sino que alcanza su culmen en la situación de injusticia que asola el país, pues dice el Señor contra los dirigentes del pueblo: “La causa del huérfano no juzgaban y el derecho de los pobres no defendían” (Jr 5,28).

El olvido de Dios manifestado en la alianza con otras naciones, y en el olvido de la justicia ordenada por la ley, acarreará duras consecuencias para Judá. El Señor traerá contra Judá una nación lejana (Jr 5,15) que comerá el pan del pueblo (Jr 5,17), dejará las ciudades arrasadas (Jr 4,17), y provocará que los judaitas sirvan a extraños en tierra extranjera (Jr 5,19). La nación extranjera que viene del norte (Jr 6,22) es Babilonia que tomará Jerusalén (597.587;582 cf. Jr 52), y exiliará parte del pueblo a la capital del imperio (597-538 aC). Las amenazas del Señor contra su pueblo actualizan las maldiciones pronunciadas por Moisés en las estepas de Moab, cuando conminaba al pueblo liberado de Egipto a cumplir la Ley antes de penetrar en la Tierra (Dt 28,1-68).13

A pesar de la destrucción de Judá, el Señor no deja de anunciar a su pueblo la futura reconstrucción tras el desastre, dice el Señor: “os iré recogiendo a cada uno […] y os traeré a Sión” (Jr 3,14-17). El Señor reedificará a su pueblo tan profundamente que no sólo no se volverá a hablar del Arca de la Alianza de Yahvé (Jr 3,18; cf. Ex 25,8), sino que, además, los pueblos de Israel y Judá, devendrán uno solo (Jr 3,18a; cf. Ez 37,15-28), para poseer la tierra prometida desde antiguo a los padres (Jr 3,18b).14

¿Cuál es el objetivo de éstos textos de Jeremías que aluden al éxodo? La profecía de Jeremías no narra los acontecimientos del éxodo por sí mismos, sino que los actualiza en la situación de Judá durante la época de Josías. Babilonia, representada como el país del norte (Jr 6,22) acosa Jerusalén, y sus habitantes dudan del amparo del Señor (Jr 2,13), y buscan la ayuda de Egipto (Jr 2,18a). El profeta insiste en que la alianza con Egipto (Jr 2,18b) junto con el incumplimiento de la Ley enmascarada por la idolatría (Jr 2,8.28), llevarán al país al desastre (Jr 4,7). Y para convencer al pueblo de que las alianzas engañosas mezcladas con el incumplimiento de la Ley van a destruirlo, la voz profética rememora la liberación de Egipto (Jr 2,6), la infidelidad de los padres por la ruta del desierto (Jr 2,5), la posterior destrucción del país causada por el olvido de la Ley (Jr 2,8), y las desastrosas alianzas con Egipto y Asiria en detrimento de la alianza trabada con Dios (Jr 2,18).

En definitiva, el profeta percibe como el pueblo malbarató la gracia de la liberación de la esclavitud de Egipto y el don de la Tierra Prometida; e intenta convencerle de que, ante el acoso de Babilonia, no abandone la alianza con Dios, ni condene la tierra a la destrucción.

2.2. El eco de la época de Joaquín: Jr 7,1-20,18.

Jeremías, en nombre de Dios, arremete contra el Templo denunciando la mala conducta de los orantes (Jr 7,2-3), la idolatría (Jr 7,16-20) y la vaciedad del culto (Jr 7,21-28). Por esas razones el Señor profiere una condena contra el lugar santo: “Yo haré con el Templo que lleva mi Nombre […] lo mismo que hice con Siló” (Jr 7,14); pero, a la vez, el Señor, ofrece al pueblo una esperanza basada en la conversión: “Mejorad de conducta y de obras, y yo haré que os quedéis en este lugar” (Jr 7,3).

En el seno de la condena del culto vacío alude Yahvé, por medio de Jeremías, a la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto: “Cuando Yo saqué a vuestros padres de Egipto, nada les dije ni mandé sobre holocaustos y sacrificios. Lo que les mandé fue esto otro: ‘Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, e iréis por donde yo os mande para que os vaya bien” (Jr 7,22-23). El Señor muestra su dolor por el olvido de la Ley por parte de los liberados: “Pero ellos no escucharon ni aplicaron el oído, sino que se guiaron por la contumacia de su mal corazón, volviéndose de espaldas, que no de cara” (Jr 7,24). A lo largo de la historia posterior a la liberación, el pueblo ha persistido en el abandono de la Ley a pesar de la insistencia de Dios en propiciar su cumplimiento, por eso prosigue diciendo el texto de Jeremías: “Desde la fecha en que salieron vuestros padres del país de Egipto hasta el día de hoy, os envié a todos mis siervos, los profetas, cada día puntualmente; pero no me escucharon ni aplicaron el oído, sino que atiesando la cerviz hicieron peor que sus padres” (Jr 7,25-27).

Aunque la obra de Jeremías reconoce la sinceridad del culto cuando nace de la justicia (Jr 33,11); la profecía se adhiere, en esas perícopas, a la corriente profética para la que el culto no constituye el elemento esencial de la religión (Os 6,6; Mi 6,6-8; Am 5,21-27).15 El entorno textual comprendido entre la salida de Egipto y la entrada en la Tierra Prometida (Ex 15,22-Dt 34,12) está plagado referencias cultuales,16 pero ni el Decálogo Ético (Ex 20,1-21; Dt 5,1-22) ni el Código de la Alianza (Ex 20,22-23,35) prescriben, expresamente, rituales cúlticos.17 Y es precisamente a esos dos códigos, el Decálogo y el Código de la Alianza, a los que se refiere Jeremías.

La invectiva del profeta contenida en Jr 7,1-25,13a; que constituye un eco de la situación cultual de la época de Joaquín, fustiga al pueblo por la injusticia enmascarada en los rituales cúlticos. El Señor denuncia como nadie deplora la maldad (Jr 8,6), todos ignoran el derecho (Jr 8,7), y desechan la palabra de Yahvé (Jr 8,9), aunque tienen la desfachatez de acudir al templo para decir: “¡Estamos seguros!”, y acto seguido “continuar haciendo cualquier abominación” (Jr 7,10).

El pueblo ha abandonado, en el momento en que Jeremías profetiza, la Ley del Señor (Jr 9,12; cf. Ex 19,5). Por eso Dios convertirá Jerusalén en un montón de ruinas (Jr 9,10), y dispersará sus habitantes entre las naciones (Jr 9,15) apelando a las amenazas contenidas en el Deuteronomio (Dt 4,27; 28,36.64). El agente de la destrucción será, de nuevo, un país del norte (Jr 10,22), Babilonia.

El Señor, a través de la voz de Jeremías, continúa censurando el incumplimiento de las cláusulas de la alianza trabada tras la salida de Egipto: “Maldito el varón que no escuche los términos de esta alianza que mandé a vuestros padres el día que los saqué de Egipto, del crisol de hierro, diciéndoles: Oíd mi voz y obrad conforme a lo que os he mandado; y así seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios, para cumplir el juramento que hice a vuestros padres de darles una tierra que mana leche y miel” (Jr 11,3-5). Y Jeremías advierte al pueblo: “Oíd los términos de esta alianza y cumplidlos, pues lo advertí a vuestros padres el día que los hice subir de Egipto, y hasta el día de hoy he continuado advirtiéndoles” (Jr 11,6-7).

Sin embargo el pueblo no escucha la advertencia del profeta y persiste en la maldad, por eso el Señor sentencia a su pueblo (Jr 11,17), y lo sume en la desgracia (Jr 12,11) afirmando sin ambages: “Yo os echaré lejos de esta tierra, a otra que no habéis conocido vosotros ni vuestros padres, y serviréis allí a otros dioses día y noche, pues no os otorgaré perdón” (Jr 16,13). La tierra lejana donde Judá será deportado es Babilonia, así lo dice el Señor: “Entregaré a todo Judá en manos del rey de Babilonia que los deportará a Babilonia” (Jr 20,4).18

Pero a pesar de la dureza del castigo expresado en la frase “no os otorgaré perdón” (Jr 16,13b), el Señor se reconcilia con su pueblo aludiendo, de nuevo, al prodigio del éxodo: “Mirad que vienen días, oráculo de Yahvé, en que no se dirá ya: ‘¡Por vida de Yahvé, que subió a los israelitas de Egipto!’, sino: ‘¡Por vida de Yahvé, que subió a los hijos de Israel del país del norte, y de todos los países a donde los arrojara!’.” (Jr 16,14-15; cf. 12,14-17).

Podemos afirmar que el texto de Jeremías no describe los avatares del éxodo por si mismos; sino que aludiendo a los mismos persigue lograr la conversión de los habitantes de Judá y Jerusalén. Jeremías comienza recordando la exigencia de Dios a los padres cuando los sacó de Egipto, consistente en el cumplimiento de la Ley (Jr 7,23; 11,1-7). Seguidamente el Señor recuerda la pertinaz obsesión de Israel en el olvido de la Ley (Jr 7,24-27; 11,8). Después el Señor advierte del castigo que conllevará el olvido de la Ley: la destrucción de Jerusalén (Jr 9,10; 11,17) y la deportación al país del norte (Jr 10,22), Babilonia (Jr 20,4.6). Sin embargo aparece la situación final en que Dios no abandona su pueblo, pues recogerá a los deportados (Jr 16,14-15), y tendrá piedad, incluso, de los países vecinos de Israel que se alegraron de la destrucción de Judá (Jr 12,14-17).

2.3. La época posterior a Joaquín (587-582): Jr 21,1-25,13a.

El rey Sedecías, ante el ataque de Nabucodonosor, suplica la intercesión de Jeremías para obtener el favor de Yahvé. Sin embargo la respuesta divina no puede ser más dura: “Yo voy a batirme contra vosotros […] entregaré al rey de Judá, Sedecías, sus siervos y al pueblo que sobreviva en esta ciudad a la peste, la espada y el hambre, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia” (Jr 21,1-10). Yahvé razona su decisión: “Porque dejaron la alianza con su Dios Yahvé, y adoraron a otros dioses y les sirvieron” (Jr 22,9). El culto a otros dioses no radica sólo en la alteración de los rituales cúlticos, sino en la práctica de la injusticia (Jr 23,9), y en la falsedad de los profetas (Jr 23,14).

El Señor, valiéndose de la imagen de los cestos de higos (Jr 24,1-10), revela a Jeremías su determinación sobre el pueblo. Por una parte Yahvé pronuncia contra los dirigentes del país la más dura condena: “Pero igual que a los higos malos, que no se pueden comer de malos […] así haré contra el rey Sedecías, a sus principales y al resto de Jerusalén […] haré de ellos espantajo […] la burla y la maldición por dondequiera que los empuje […] hasta que perezcan sobre la tierra que les di a ellos y a sus padres” (Jr 24,8-10). Por otra parte el Señor muestra piedad por su pueblo: “Como por estos higos buenos, así me interesaré por los desterrados del país de Judá que yo eché de este lugar al país de los caldeos […] los devolveré a este país los reconstruiré para no volver a derrocarlos y los plantaré para no volver a arrancarlos. Les daré un corazón para conocerme, pues yo soy Yahvé y ellos serán mi pueblo.” (Jr 24,5-7).

Refiriéndose a los higos buenos pronuncia el Señor el oráculo siguiente: “Por tanto, mirad que vienen días, oráculo de Yahvé, en que no se dirá más: ‘¡Por vida de Yahvé, que subió a los israelitas de Egipto!’, sino: ‘¡Por vida de Yahvé, que subió y trajo la simiente de la casa de Israel de tierras del norte y de todas las tierras a donde los había arrojado!’, y habitarán en su propio suelo.” (Jr 23,7-8).

Podemos observar, una vez más, que la referencia a la liberación de Egipto (Jr 7,7) no describe los acontecimientos del éxodo. Se circunscribe a una fórmula de juramento para destacar la importancia superior de la vuelta del destierro respecto de la salida de Egipto.19

2.4. Conclusión.

El libro de Jeremías menciona el éxodo en la sección que contiene los oráculos sobre Israel y Judá (Jr 1,1-6,30). El Señor recuerda a su pueblo la etapa del desierto (Jr 2,2.5) marcada por la infidelidad de los padres (Jr 2,6), y alude a la destrucción de la tierra causada por los descendientes de los liberados de Egipto con el incumplimiento de la Ley (Jr 2,7; cf. Dt 28). Pero, el Señor no agota sus palabras en el castigo (Jr 7,4), sino que refiere la futura reconstrucción de su pueblo (Jr 3,18) apelando a motivos exodales: no será necesario recordar el Arca de la Alianza de Yahvé (Jr 3,16; cf. Ex 25,8), pues llamarán a Jerusalén “Trono de Yahvé” y se incorporarán a ella todas las naciones en el nombre de Yahvé, en Jerusalén, sin seguir la dureza de sus corazones perversos” (Jr 3,17). El Señor recuerda el mandato de la Ley dado a los liberados de Egipto (Jr 7,22-23), y su posterior ruptura por parte de los padres (Jr 7,25-27; 11,6-7). Pero, tras la ruptura de la alianza y el destierro, proclama una nueva alianza (Jr 16,14-15; 23,7-8) superior a la del Sinaí (Ex 19,1-20,21. En síntesis, la profecía de Jeremías no describe el prodigio del éxodo, sino que lo menciona para exigir el cumplimiento de la Ley, y para anunciar una la futura y definitiva alianza.20

3. Las referencias al éxodo en las promesas de salvación y consuelo: Jr 26,1-35,19.

El conjunto de la profecía de Jeremías referido a las promesas de salvación y consuelo, refiere la salida de Egipto en tres ocasiones.

3.1. Promesa de restauración: Jr 30-31.

La primera referencia al éxodo aparece en el anuncio de salvación tras el desastre del exilio contenida en Jr 30-31. Los cautivos de Israel y Judá volverán a su tierra (Jr 30,3.10) para servir a Yahvé (Jr 30,9), mientras la potencia opresora será destruida (Jr 30,16). Notemos que al comentar el proceso de restauración del pueblo acontece la figura del desierto (Jr 31,2): si en Dt 8,17 el desierto es la región “grande y terrible llena de serpientes y escorpiones, lugar de sed y sin agua”, en Jr 31,2 se troca en el lugar donde Israel encuentra la gracia y la liberación, siguiendo, de ese modo, la perspectiva de Os 2,16-17.21

El camino por el desierto descrito en Ex 15,22-18,27 desembocó en la alianza del Sinaí (Ex 19,1-20,21); pero la nueva ruta por el desierto descrita en Jr 31,2 posibilitará una alianza superior a la del Sinaí: “Vienen días, oráculo de Yahvé, en que yo pactaré con la casa de Israel y con la casa de Judá una nueva alianza; no como la alianza que pacté con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto que ellos rompieron […] sino que […] pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.” (Jr 31,31-34).22

La profecía de Jeremías prosigue mostrando como la nueva alianza indicada en Jr 31,2.31-34 presenta tres promesas que superan el pacto del Sinaí (Ex 19,1-20,2): 1ª El pueblo conocerá al Señor cuando le perdone y no recuerde su pecado (Jr 31,34b); 2ª El pueblo no volverá a ser destruido ni condenado al anatema (Jr 31,40); 3ª El conocimiento de Dios será tan profundo que nadie tendrá necesidad de instruir a su prójimo sobre los designios divinos (Jr 31,34a).

3.2. Restauración del país: Jr 32-33.

La segunda referencia al éxodo acontece cuando el ejército babilónico cerca Jerusalén y acosa a Sedecías. Ante el peligro, Jeremías dirige al Señor su lamento: “sacaste a tu pueblo Israel de Egipto con señales y prodigios y con mano fuerte y tenso brazo y con gran aparato, y les diste esta tierra que habías jurado dar a sus padres: tierra que mana leche y miel. Entraron en ella y la poseyeron, pero no hicieron caso de tu voz, ni conforme a tus leyes anduvieron: nada de lo que les mandaste hacer hicieron, y les conminaste con esta calamidad. Mira, ahora los terraplenes llegan a la ciudad para tomarla y la ciudad está a merced de los caldeos que la atacan […] lo que habías dicho ha acontecido” (Jr 32,20-25).23

Pero a pesar de la oración de Jeremías, Yahvé mantiene su decisión: “Voy a entregar esta ciudad en manos de los caldeos” (Jr 32,28); y la razona: “porque los hijos de Israel y los hijos de Judá no han hecho otra cosa desde su mocedad sino lo que me disgusta”24 (Jr 32,30). Sin embargo, y a pesar de su decisión tajante, Yahvé anuncia la reconstrucción de Jerusalén y de su pueblo: “así dice Yahvé […] acerca de esta ciudad que […] está a merced del rey de Babilonia […] voy a reunirlos de todos los países donde los empujé […] y los haré volver a este lugar […] serán mi pueblo y yo seré su Dios” (Jr 32,36-39). El Señor, una vez más, fundamenta su decisión en una nueva alianza: “Pactaré con ellos una alianza eterna, que no revocaré, les haré el bien y pondré mi temor en sus corazones de modo que no se aparten de mi lado […] y los plantaré firmemente en esta tierra” (Jr 32,40-41).

El texto de Jeremías una vez recogido el núcleo de esa nueva alianza en Jr 32,40-41, prosigue resaltando dos características que muestran como supera el pacto del Sinaí (Ex 19,1-20,21). 1ª La alianza rememora a David: “En aquellos días […] haré brotar para David un Germen justo que practicará la justicia y el derecho en la tierra” (Jr 33,15). 2ª Apelando a David, Abrahán, Isaac, Jacob y al prodigio de la creación, el Señor manifiesta la pervivencia de ésta nueva alianza (Jr 33,20-21.25-26).

3.3. Destino final de Sedecías y su pueblo: Jr 34.

La tercera referencia a los sucesos del éxodo acontece en el fragor del acoso babilónico contra Jerusalén (597aC) (Jr 34,1-22). El rey Sedecías llega a un acuerdo con el pueblo proclamando la manumisión de los esclavos (Jr 34,8-10); la liberación de los esclavos posibilitaba utilizar su fuerza contra la invasión caldea. Sin embargo el asedio babilónico cede un poco, y los amos vuelven a esclavizar a sus siervos (Jr 34,9). Ante tal injusticia, Dios dirige su palabra a Jeremías: “Yo hice alianza con vuestros padres el día que los saqué de Egipto, de la casa de servidumbre, diciendo: Al cabo de siete años cada uno de vosotros dejará libre al hermano hebreo que se le hubiera vendido. Te servirá por seis años y después lo dejarás libre. Pero no me hicieron caso vuestros padres y […] vosotros os habéis convertido hoy […] pero después os habéis echado atrás profanando mi Nombre, y os habéis apoderado de vuestros respectivos siervos y esclavas a quienes habíais manumitido, reduciéndolos de nuevo a la esclavitud” (Jr 34,12-16).

El texto alude a la salida de Egipto (Jr 34,13), pero desde el prisma de la obligaciones del año sabático concernientes a la liberación de los esclavos hebreos (Ex 21,2-6; Dt 15,12-18), y a las mismas normas establecidas para el año jubilar (Lv 25,39-43). Pero el hecho que refleja la profecía de Jeremías no parece referirse a la aplicación de la legislación sobre el año sabático, sino a un caso desesperado donde Sedecías pretende resistir el acoso de Nabucodonosor.25 Sin embargo aunque el hecho de la manumisión de esclavos no parezca aludir a la aplicación de la normativa del año sabático (Ex 21,2-6; Dt 15,12-18), la condena pronunciada por Dios contra el rey y el pueblo sí parece referir ley de manumisión del año sabático. El castigo de Dios es duro: “Por tanto […] los individuos que traspasaron mi acuerdo haré que acaben como el becerro que cortaron en dos26 […] los entregaré en manos de sus enemigos […] y a Sedecías y a sus jefes los entregaré en manos […] del ejército del rey de Babilonia” (Jr 34,17-22).

La tercera referencia al éxodo (Jr 34,12-16) sirve, únicamente, para justificar el castigo de Dios contra su pueblo, basándose en la normativa del año sabático.

3.4. Conclusión.

En síntesis podemos decir que el libro de Jeremías en la sección referente a las promesas de salvación y consuelo (Jr 26,1-35,19) refiere en tres ocasiones el acontecimiento del éxodo (Jr 31,2.31-34; 32,20-25; 34,12-16); pero no en sí mismo sino en función de dos situaciones diversas. Por una parte menciona la salida de Egipto en función de la nueva y definitiva alianza que sellará Dios con su pueblo (Jr 31,31-34; 32,36-39; 32,40-41); mostrando mediante las cinco características comentadas como la nueva alianza supera el pacto del Sinaí (Ex 19,1-20,21). Por otra parte, Dios aduce la alianza establecida a la salida de Egipto (Jr 34,13) para rememorar las normas del año sabático concernientes a la manumisión de esclavos (Ex 21,2-6; Dt 15,12-13), para castigar al pueblo y al rey por mediación del ejército babilónico (Jr 34,17-22).27

4. Situación de las referencias al éxodo en la profecía de Ezequiel.

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El libro de Ezequiel es complejo en su estructura y en su historia de redacción. Por nuestra parte ofrecemos un esquema de lectura para situar las referencias al éxodo en contextos concretos.28 Las referencias expresas al éxodo aparecen en la narración de las infidelidades de Israel en Ez 20,1-44; y en la historia simbólica de Jerusalén y Samaría en Ez 23,1-49. Ambas narraciones figuran en el conjunto de relatos que evocan acontecimientos anteriores al asedio final de Jerusalén (587 aC) (Ez 3,22-24,27).

4.1. Historia de la infidelidades de Israel: Ez 20,1-44.

La sección Ez 3,22-24,27 refiere el esfuerzo del profeta para lograr la conversión de los deportados. Ezequiel predica durante la situación posterior a la deportación del primer contingente judaita en 597 aC. El profeta utiliza todos los medios29 para convencer a los exiliados de su responsabilidad culpable en el asedio de Jerusalén y en la deportación. A la vez intenta motivarles contra los oráculos de los falsos profetas (Ez 13,1-16), y les anuncia la futura intervención salvadora de Dios (Ez 11,14-21). En ese contexto se sitúa la narración de las infidelidades de Israel descritas en Ez 20,1-44.

Un grupo de ancianos acude a Ezequiel para consultarle sobre la situación del exilio.30 Y el Señor, les responde por boca de Ezequiel: “El día que yo elegí a Israel […] me manifesté ante ellos en el país de Egipto, y levanté mi mano hacia ellos diciendo: ‘Yo soy Yahvé vuestro Dios’. Aquel día alcé mi mano jurando sacarlos del país de Egipto hacia una tierra que había explorado para ellos […] y les dije: ‘Arrojad cada uno los ídolos que seducen vuestros ojos, nos os contaminéis con las abominaciones de Egipto; yo soy Yahvé vuestro Dios” (Ez 20,5-7).

La doble manifestación de Dios “Yo soy Yahvé vuestro Dios” (Ez 20,5.7) alude, de forma simplificada31, a la revelación divina a Moisés en el fuego de la zarza (Ex 3,6); la salida del país figura en la misión encomendada por Dios a Moisés (Ex 3,17) con su momento álgido en el paso del Mar (Ex 13,17-14,31); la promesa de la tierra consta en las instrucciones de Dios a Moisés (Ex 3,17-18), la exploración de la tierra rememora la gesta de Caleb (Nm 13,1-33) y el primer discurso de Moisés en las estepas de Moab (Dt 1,20-29), mientras la posesión plena aparece en el libro de Josué.

Pero el objetivo de Ez 20,5-7 no consiste en explicar los avatares del éxodo; sino en recordar la elección de Israel; y , sobre todo, en conminar al pueblo al abandono de la idolatría. La elección de Israel se remonta, tipológicamente, a sus orígenes (Gn 12,1-3)32; y la advertencia contra la idolatría figura, programáticamente, en el Decálogo (Ex 19,3-4; Dt 5,7-8), jalona el camino de Israel por el desierto (Ex 32,1-35), y lo recalca Moisés en sus discursos en las estepas de Moab (Dt 4; 8).33

El contenido de Ez 20,5-7 pesa sobre la conminación dirigida al pueblo exiliado para que, imitando a los padres en el desierto, abandone la senda de la idolatría. Por eso, el Señor, mediante las palabras de Ezequiel, constata como los padres abandonaron a lo largo del desierto los preceptos divinos: “Se rebelaron contra mí […] ninguno arrojó los ídolos […] ni abandonó las abominaciones de Egipto” (Ez 20,8). Las rebeliones de Israel en el desierto fueron numerosas; pero destacan, especialmente, dos: la construcción del becerro de oro (Ex 32), y la tentación de volver a Egipto: “Toda la comunidad de los israelitas […] decían: ¡Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahvé en el país de Egipto cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos!” (Ex 16,3; cf. Nm 11,4-9).

La rebelión del pueblo en el desierto desencadena la ira de Yahvé. Sin embargo Moisés intercede ante Dios, apelando al honor del Nombre del Señor: “¿Por qué, Yahvé, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo […] ¿por qué han de decir los egipcios: los sacó con mala intención para matarlos en las montañas? […] acuérdate de Abrahán […]. Y Yahvé renunció a lanzar el mal con que había amenazado a su pueblo” (Ex 32,11-14; Nm 11,10-15). Ezequiel recuerda a los exiliados como Dios guardó a los padres en el desierto por honor de su Nombre: “Tuve consideración a mi Nombre y procedí de modo que no fuese yo profanado ante las naciones entre las que ellos se encontraban, y ante las cuales me había manifestado sacándolos del país de Egipto; pues por eso los saqué del país de Egipto y los conduje al desierto” (Ez 20,9-10).

El Señor prescribió normas a su pueblo en el desierto para que pudiera vivir en plenitud (Lv 15,8), y les prescribió la observancia del sábado (Ex 20,8; cf. Ez 20,11-12). Pero, como recuerda Ezequiel a los deportados, la casa de Israel se rebeló desobedeciendo los mandatos del Señor, y profanó sus sábados (Ez 20,13a). De nuevo el Señor, como advierte Ezequiel, deseó aniquilar a su pueblo en el desierto (Ez 20,13b), pero lo evitó por honor de su Nombre (Ez 20,14). Sin embargo, como explica el profeta, en esa ocasión, Dios castiga a su pueblo impidiéndole la entrada en la tierra prometida: “Y una vez más alcé mi mano contra ellos en el desierto, jurando que no les dejaría entrar en la tierra que les había dado” (Ez 20,15). Pero, como afirma Ezequiel, Dios renuncia, expresamente, a aniquilarlos (Ez 20,17), como aconteció también en el desierto donde el pueblo pecador fue castigado pero no aniquilado: “Respecto de todos los que fuisteis censados y contados, de veinte años para arriba, en este desierto caerán vuestros cadáveres […] pero respecto de vuestros pequeños […] los introduciré y conocerán la tierra que vosotros habéis despreciado” (Nm 14,26-35).

Prosigue el relato de Ezequiel relatando como al constatar el Señor la extinción de la generación de los padres se dirigió a los hijos: “No sigáis las reglas de vuestros padres […] seguid mis preceptos […] santificad mis sábados” (Ez 20,19-20). Pero una vez más, el Señor constata la rebeldía de su pueblo (Ez 20,21a) unida a la profanación del sábado (Ez 20,21b), y decide derramar su cólera sobre ellos (Ez 20,21c). Y, de nuevo, como refiere Ezequiel, el Señor mitiga su ira: “pero retiré mi mano y tuve consideración a mi Nombre, procediendo de modo que no fuera profanado ante las naciones a la vista de las cuales los había sacado” (Ez 20,22).

El Señor, por boca de Ezequiel, inquiere a su pueblo cuáles son las leyes inhumanas que prescribió a los padres en el desierto: “¿Acaso les di preceptos que no fueran buenos, o mandamientos que no les darían vida? ¿Les contaminé con las ofrendas que hacían inmolando a sus primogénitos? (Ez 20,25-26).34 El Deuteronomio relata la bondad de las leyes divinas: “qué nación hay tan grande cuyos preceptos y normas sean tan justos como toda esta Ley que yo os expongo hoy, dice el Señor (Dt 4,8); y afirma la posibilidad humana de cumplirlas: “este mandamiento que yo te prescribo hoy no es superior a tus fuerzas, ni está fuera de tu alcance […] ni está al otro lado del mar […] sino que la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica” (Dt 30,11.14).

El Señor continúa fustigando, por mediación de Ezequiel, la idolatría de los padres cuando penetraron en la Tierra Prometida (Ez 20,27-29); y comunica la sentencia de su castigo: “Por mi vida, oráculo del Señor Yahvé, que no me dejaré consultar por vosotros” (Ez 20,31). Sin embargo, rápida y sorprendentemente, el Señor cambia de perspectiva, y no permite que la idolatría le arrebate a su pueblo: “Por mi vida, oráculo de Yahvé, que yo reinaré sobre vosotros con mano fuerte y tenso brazo, […] os conduciré al desierto de los pueblos y allí os juzgaré cara a cara. Como juzgué a vuestros padres en el desierto de Egipto, así os juzgaré a vosotros, […] os haré pasar bajo el cayado y os haré entrar por el aro de la alianza” (Ez 20,32-37). En el desierto el Señor juzgó a su pueblo en muchas ocasiones (cf. Ex 32,7-10; Nm 11,10-15; 12,4-10; 14,10-19; 16,16-35; 20,12-13), pero mantuvo el don de la tierra prometida (Jos). El mismo comportamiento mantiene con los deportados: en el desierto Dios juzgó a su pueblo, y en el exilio les somete a la dureza de la deportación, pero, como en el desierto, el Señor afirma que no quebrará su alianza (Ez 20,37).

Acto seguido el Señor, por mediación de Ezequiel, se refiere a los deportados, entre quienes establece dos grupos. Por una parte afirma: “separaré de vosotros a los rebeldes, a los que se han rebelado contra mí […] no entrarán en la tierra de Israel y sabréis que yo soy Yahvé (Ez 20,38). Por otra dice: “Que vaya cada uno a servir a sus ídolos; después, yo juro que escucharéis y no profanaréis más mi santo Nombre con vuestras ofrendas y vuestras abominaciones; porque será en mi santa montaña, en la alta montaña de Israel […] donde me servirá toda la casa de Israel […] allí os acogeré amorosamente […] y por vosotros me mostraré santo ante las naciones” (Ez 20,39-43).

El fragmento evoca, principalmente, la rebelión de los israelitas llenos de pánico al oír el relato de los exploradores que regresan de Canaán. Ante el rechazo generalizado del pueblo para poseer la tierra, el Señor profiere la afirmación a la que ya hemos aludido: “respecto de todos los que fuisteis censados y contados, de veinte años para arriba, en este desierto caerán vuestros cadáveres […] pero respecto de vuestros pequeños […] los introduciré y conocerán la tierra que vosotros habéis despreciado” (Nm 14,26-35).

Finalmente Dios rubrica toda su intervención: “Sabréis que yo soy Yahvé, cuando os conduzca al suelo de Israel […] y cuando actúe con vosotros por consideración a mi Nombre” (Ez 20,44). La actuación de Dios en la historia es la rúbrica de su divinidad, especialmente en Ezequiel donde la frase “sabréis que yo soy Yahvé”, o alguna muy semejante aparece 54 veces.35 La frase aparece también en la narración de las plagas (Ex 7,1-11,9),36 donde, por ejemplo, dice el Señor: “Los egipcios reconocerán que yo soy Yahvé, cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los israelitas de en medio de ellos” (Ex 7,5); y cuando desea, antes de cruzar el mar, que el faraón (Ex 14,4.18) sepa que fue Yahvé quien liberó a Israel de Egipto; o también cuando quiere, tras cruzar el mar, que los israelitas reconozcan que fue Yahvé quien les sacó de Egipto (Ex 16,6.12).

La frase de Ezequiel “Sabréis que yo soy Yahvé, cuando os conduzca al suelo de Israel” (Ez 20,42); presenta un matiz que la diferencia de la salvación que Dios concede, en el desierto, a los israelitas menores de veinte años (Nm 14,26-35). El libro de los Números muestra como la entrada en la tierra se debe a que los menores de veinte años no han transgredido la ley; sin embargo según Ezequiel quienes volverán a Israel no lo conseguirán por su buena conducta sino por la fidelidad de Dios: “Sabréis que yo soy Yahvé cuando yo os conduzca a la tierra de Israel […] cuando actúe con vosotros por atención a mi nombre, y no con arreglo a vuestra mala conducta y a vuestras acciones corrompidas” (Ez 20,42.44).

4.2. Conclusión.

Los deportados en el 597 aC esperaban un inminente retorno, consideraban a quienes permanecían en Judá culpables del desastre, y buscaban consuelo en los falsos profetas (Ez 13).37 Un grupo de ancianos se acerca a Ezequiel para consultarle (Ez 20,1). Ezequiel no responde directamente, sino que apelando a los sucesos del éxodo ofrece una reflexión en tres puntos. 1º En el desierto el Señor impuso mandatos a su pueblo, entre ellos el descanso sabático (Ez 20,12.20; cf. Ex 20,1-17; sábado Ex 20,8)) 2º En el desierto parte del pueblo se rebeló contra el Señor y no pudo entrar en la tierra prometida, sin embargo quienes permanecieron fieles alcanzaron la tierra (Ez 20,38; cf. Nm 14,26-35). 3º Ezequiel alude al regreso de los exiliados (Ex 20,42) que propiciará el Señor por honor a su Nombre a pesar de la mala conducta de los deportados (Ez 20,44).

En definitiva, aludiendo a los acontecimientos del éxodo, Ezequiel trasmite a los deportados un mensaje claro. Los exiliados deben aceptar su culpabilidad y permanecer fieles a Yahvé; quienes no se mantengan fieles al Señor y se dejen seducir por los falsos profetas no saldrán del exilio; pero quien espere en el Señor verá de nuevo la tierra de Israel, no por sus propios méritos sino conforme a la bondad de Dios y, de ese modo, aprenderán que sólo Yahvé es Dios (Ez 20,42.44).

4.3. Historia simbólica de Jerusalén y Judá: Ez 23,1-49.

La historia simbólica de Jerusalén y Judá (Ez 23,1-49) figura en el conjunto de narraciones anteriores al asedio final de Ciudad Santa (Ez 3,22-24,27); y desarrolla la historia comenzada en Ez 16,1-63. En dicha historia, Ezequiel denuncia las abominaciones de Jerusalén (Ez 16,2): Recuerda el abandono originario de la ciudad (Ez 16,5) y como Dios la rescató de su penuria (Ez 16,6.9); pero Jerusalén se apartó del Señor y cayó en la idolatría (Ez 16,15), por eso Dios le aplicará el furor de su cólera (Ez 16,38). Sin embargo, al final, la misericordia de Dios restablecerá Jerusalén y también Sodoma y Samaría, ciudades pecadoras (Ez 16,53).38 El Señor restablecerá su alianza, esta vez alianza eterna (Ez 16,60), con Jerusalén: “Yo mismo restableceré mi alianza contigo, y sabrás que yo soy Yahvé” (Ez 16,62).

La continuación de la historia en Ez 23,1-49 refiere la situación de dos hermanas: Oholá, metáfora de Samaría, y Oholibá símbolo de Jerusalén, que se prostituyeron en Egipto, distintivo de la idolatría (Ez 23,3-4).39 Sin dejar la idolatría heredada de Egipto (Ez 23,8) Oholá, Samaría, se entrega a Asiria (Ez 23,7) que acaba destruyéndola (Ez 23,10).40

Ezequiel muestra como Oholibá, Jerusalén, no escarmienta ante el destino de Samaría, sino que se regodea en la idolatría. Aumentando las prostituciones iniciadas en Egipto (Ez 23,19.21) traba alianzas con asirios y caldeos (Ez 23,12.14). El Señor acaba con las abominaciones de Jerusalén con un castigo tan duro que hace olvidar los desmanes cometidos en Egipto. Dice el Señor: “Yo pondré fin a tu inmoralidad y a tus prostituciones comenzadas en Egipto; no levantarás más tus ojos hacia ellos, ni volverás a acordarte de Egipto” (Ez 23,27). Babilonia y el dolor del exilio constituyen la mediación divina para castigar la idolatría de Jerusalén (Ez 23,23).

Pero ¿a que se refiere el texto cuando alude a las prostituciones comenzadas en Egipto? (Ez 23,27). Tras liberar Dios a Israel de Egipto, el pueblo teme por su futuro y desea aferrarse al pasado volviendo el país del Nilo. El pueblo se rebela contra Moisés y Aarón: “¡Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahvé en el país de Egipto cuando nos sentábamos y comíamos pan hasta hartarnos” (Ex 16,3a); y les acusa agriamente “nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea” (Ex 613,3b). Más adelante el pueblo vuelve a quejarse contra Moisés: ¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados? (Ex 17,3).

Atendiendo a esas referencias parece que los israelitas disfrutaban de una vida holgada en Egipto; sin embargo el libro del Éxodo refleja lo contrario, pues el Señor dice a Moisés: “He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado el clamor ante sus opresores y conozco sus sufrimientos” (Ex 3,7). El clamor y la opresión reflejan el sufrimiento de Israel en Egipto, y no el hartazgo de comida junto a las ollas repletas de carne.

Por tanto las prostituciones de Israel no radican sólo en el pánico ante el futuro y en el deseo de volver a Egipto, sino también en la mentira. El pánico y la mentira constituyen un destello del apego a la idolatría. Veamos dos ejemplos: El miedo de Ajaz ante el ataque Pécaj y Ozías es censurado por Isaías (Is 7,1-9), con una frase emblemática: “Si no creéis no subsistiréis” (Is 7,9); mientras la mentira, enmascarada en falsas excusas, provoca la condena de Ajab y Jezabel por boca del profeta Elías (1Re 21,17-26) en el asunto concerniente a la viña de Nabot (1Re 21,1-16).

La profecía de Ezequiel continúa enumerando las abominaciones Oholá y Oholibá a lo largo de la historia41: la injusticia (manos ensangrentadas), el apego a los ídolos, el canibalismo y el sacrifico de los hijos ante los falsos dioses, la contaminación del santuario y la profanación del sábado (Ez 23,37-39). Y después censura el comportamiento de los deportados en la búsqueda de alianzas políticas, tal vez con Egipto: “mandaron en busca de hombres que vinieran de lejos” (Ez 23,40), y la caída en las prácticas cultuales idolátricas de los extranjeros (Ez 23,41,5). Finalmente, Ezequiel, anuncia la condena definitiva: “Se hará recaer sobre vosotras vuestra inmoralidad, cargaréis con los pecados cometidos con vuestras basuras42, sabréis que yo soy el Señor Yahvé” (Ez 23,49). De nuevo aparece la frase “sabréis que yo soy Yahvé el Señor” (Ez 23,49c), pero esta vez no rubrica la salvación como en Ez 20,42.44; sino la condena. En Ez 23,49 el Señor actúa en la historia mediante la condena de la idolatría y, de ese modo, afirma su divinidad.

4.4. Conclusión.

La narración de Ez 23,1-49 continúa la historia comenzada en Ez 16,1-63 mediante la metáfora de Oholá (Samaría) y Oholibá (Jerusalén) describe la historia de Israel. Samaría (Oholá), a causa de sus abominaciones, es destruida por Asiria (Ez 23,10). Jerusalén (Oholibá) no escarmienta ante la suerte de su hermana y multiplica sus prostituciones, símbolo de la idolatría comenzada en Egipto (Ez 23,19.21) trabando alianzas con asirios y caldeos (Ez 23,12.14). Las prostituciones de Israel en Egipto consisten en el pánico de los israelitas tras salir de Egipto, en su mentira ante Moisés y en su tentación constante de regresar al país del Nilo (Ex 16,3). A ejemplo de la idolatría cometida en Egipto, Jerusalén ha continuado pecando, como relata la profecía de Ezequiel (Ez 23,11-19; 37-39). Por eso el Señor hará recaer sobre los culpables el castigo por la idolatría para que conozcan que sólo Yahvé es Dios (Ez 23,49).

5. Conclusión final.

El libro de Jeremías menciona el éxodo en la sección que contiene los oráculos sobre Israel y Judá (Jr 1,1-6,30), y en las promesas de salvación y consuelo (Jr 26,1-35,19). En ambas secciones alude a los sucesos de éxodo, pero no para explicar sus pormenores, sino para exigir la conversión a los habitantes de Jerusalén, y para anunciar a todos el establecimiento de una nueva y definitiva alianza que superará el pacto del Sinaí. La profecía de Ezequiel alude al éxodo en dos ocasiones. En la historia de las infidelidades de Israel (Ez 20,1-44), la profecía recuerda el éxodo para transmitir a los exiliados un mensaje explícito: deben aceptar su culpabilidad y permanecer fieles a Yahvé; quienes no se mantengan fieles al Señor y se dejen seducir por los falsos profetas no saldrán del exilio; pero quien espere en el Señor verá de nuevo la tierra de Israel, no por sus propios méritos sino conforme a la bondad de Dios y, de ese modo, aprenderán que sólo Yahvé es Dios (Ez 20,42.44). La historia de Oholá y Oholibá (Ez 23,1-49), alude al éxodo, para recordar qué Israel ha caído en la idolatría como sus padres en el desierto; anunciando, por ese motivo, que el Señor castigará a los idólatras para que conozcan que sólo Yahvé es Dios (Ez 23,49).

1. Bibliografía actualizada sobre Jeremías: R.P.Carroll, “Century’s End: Jeremiah Studies at the Beginning of the Third Millenium”, CR:BS 8 (2000) 18-58. Comentario global erudito y detallado: W.Brueggermann, To Build and to Plant. Jeremiah 1-25; To Pluck Up, To Tear Down. Jeremiah 26-52, (Grand Rapids 1988-1991). Síntesis sencilla y pedagógica: J.Briend, El Libro de Jeremías, Cuadernos Bíblicos 40 (Estella 1989). Por nuestra parte ofrecemos una propuesta útil para situar las referencias al éxodo en el conjunto del libro. Tras el título (Jr 1,1-3) que enmarca cronológicamente la actividad del profeta, aparecen cinco bloques textuales. 1º Oráculos sobre Judá y Jerusalén (Jr 1,4-25,13a). 2º Introducción a los oráculos contra las naciones (Jr 25,13b-38). 3º Promesas de salvación y consuelo (Jr 26,1-35,19). 4º Pasión de Jeremías (Jr 36,1-46,1). 5º Oráculos contra las naciones (Jr 46,2-51,64). 6º Apéndice histórico sobre la catástrofe de Jerusalén y la gracia concedida a Jeremías (Jr 52,1-34).

2. La sección que denominamos Pasión de Jeremías (Jr 36,1-46,1) remite a los acontecimientos que tiñen de luto los últimos días de Judá y Jerusalén. Los oráculos contra las naciones (Jr 46,2-51,64) y el apéndice histórico (Jr 52,1-34) refieren la crueldad babilónica contra Judá, y detallan el número de ciudadanos deportados.

3. Evidentemente cada bloque no representa sólo una situación histórica concreta pues la profecía de Jeremías ha sufrido numerosas relecturas. Para la referencia a la situación cronológica de redacción de cada bloque: P.-M.Bogaert (ed.), Le Livre de Jérémie 2ºed (Leuven 1997). Desde una perspectiva más sencilla pero más unitaria en cuanto a la historia de la redacción: J.Vermeylen, El Dios de la Promesa y el Dios de la Alianza (Santander 1990). Precisión de detalles para la situación histórica: D.A.Glatt-Gilad, “Personal Names in Jeremiah as a Source for the History of the Period”, HS 41 (2000) 31-45.

4. Yahvé recuerda con cariño los momentos en que Israel seguía sus decretos por la ruta del desierto: así Jr 2,2 alude a Ex 13,17-22 (narración de la salida de Egipto), y a Ex 19,6-8 (momento en que Dios denomina a su pueblo “reino de sacerdotes y nación santa”). El cariño de Dios con su pueblo evoca también Os 2,16-17 y Jr 11,15.

5. El sustantivo lbhy la forma verbal wlbhywrefieren la idolatría también en Jr 10,15; 16,19; 51,18.Otras referencias a Israel que abandona a Dios en el desierto: 2Re 17,15; Os 9,10; Sal 115,8.

6. Referencia a la ruta por el desierto: Dt 8,7-10; 32,10-12.

7. La referencia a aquello que no salva (wklh wl[wy-al yrxaw) constituye una alusión a la idolatría; la denuncia se repite especialmente en Jr 8,8 y Ez 34,1.

8. La raíz l[iy no aparece en el Pentateuco, de las 23 veces que aparece en la Biblia 8 lo hace en Isaías y 7 en Jeremías, generalmente, en contextos de combate contra la idolatría: Is 30,5.5.6; 44,9.10; 47,12; 48,17; 52,12; Jr 2,8.11: 7,8; 12,13; 16,19; 23,32.32.

9. Las grandes potencias, frecuentemente, constituyen metáforas de los ídolos; pues Israel se adhiere a ellas olvidando la alianza indeleble con Yahvé: Un caso paradigmático lo constituye Babilonia (Is 47). Estudio de las alianzas de Israel con las potencias extranjeras como prototipo de la idolatría que conculca la alianza de Israel con Yahvé: J.L.Sicre, “Los dioses olvidados. Poder y riqueza en los profetas preexílicos” (Madrid 1979). Estudio del nuevo éxodo en Jeremías: A.O.Bellis, “The New Exodus in Jeremiah 50:33-38”, en L.Boadt and M.S.Smith (eds.) Justificación and Variegated Nomism: I The Complexities of Second Temple Judaism (WUNT 2, 140; Tübingen, Grand Rapids 2001) 157-168.

10. Las desgracias presentes: un país deshecho con las ciudades desoladas Jr 2,15; en definitiva la destrucción de la tierra prometida anunciada como castigo en Dt 28.

11. El texto puede referir la alianza de Judá con Egipto (Jr 37,5.7); en ayuda de Jerusalén acudió el faraón Jofra (Jr 44,30), reinante entre 589-569 aC, pero9 tuvo que retirarse ante el acoso babilónico.

12. La vergüenza por la relación con Asiria procede de las consecuencias desastrosas de la guerra siro-efrainita (2Re 16,1-20; Is 7-8), de la conquista de la Samaría y la caída del reino del Norte (721) (2Re 17,5-6), de la invasión de Senaquerib (701) (2Re 18,13-19,36), y de la política desastrosa de Manasés (693-639 aC) y Amón (639-638 aC) vasallos de Asiria (2Re 21,1-26).

13. La referencia al Deutoronomio figura especialmente en Dt 28,49-52; 29,23-24. La relación entre las bendiciones y maldiciones deuteronómicas y el contenido de los oráculos de Isaías aparecen entrelazados, ver al respecto: W. Dietrich, “Ptophetie im deuteronomistichen Geschichtswerk” en T.Römer (ed.) The Future of the Deuteronomistic History (Leuven 2000) 47-66.

14. El esquema narrativo: mención de la salida de Egipto (Jr 2,5-7), travesía del desierto (Jr 2,2), posesión de la tierra (Jr 2,7), destrucción de tierra por infidelidad a la Ley (Jr 2,8), reflejo de las alianzas con Egipto y Asiria (Jr 2,18), amenaza de la potencia del norte, Babilonia, (Jr 6,22), anuncio del exilio (Jr 5,18-19), y promesa de escape del pueblo (Jr 3,14-18); confirman la redacción posexílica de Jr 1,1-6,30 en un tiempo en que deviene necesaria la reafirmación de la salvaguarda de la Ley para defender la identidad judía. La historia de la redacción de Jr 1,1-6,30 es compleja, ver: B.D.Somer, ”New Light on the Composition of Jeremiah”, CBQ 61 (1999) 646-666.

15. El culto es auténtico sólo cuando celebra el gozo del cumplimiento de la Ley de Dios, o cuando, humildemente, implora el perdón divino ante el incumplimiento de las normas de Dios; el culto deviene falso cuando enmascara la realidad moral del incumplimiento de la Ley.

16. Tras la salida de Egipto numerosos textos especifican el ritual del culto: Las normas referentes a la construcción del Santuario y a la institución de sus ministros (Ex 25,1-31,18); construcción y reacción del Santuario (Ex 35,1-40,38); ritual de sacrificios (Lv 1,1-7,38); investidura sacerdotal (Lv 8,1-10,19); reglas de pureza e impureza (Lv 11,1-16,34); Ley de Santidad (Lv 17,1-26,46); impureza, nazireato y ofrendas (Nm 5,1-7,26); ordenanzas sobre sacrificios (Nm 15,1-19,22). La redacción global de estas leyes es, evidentemente, posexílica aunque recoge elementos de la legislación cultual preexílica; sobre el origen de esta legislación consultar: C.Focant (ed.), La Loi dans l’un et l’autre Testament (Paris 1997).

17. El texto Jr 17,19-27 vincula la condena o salvación de Jerusalén al olvido o a la observancia del sábado, el pasaje evoca la observancia del sábado en Esd 13; relación entre ambas perícopas: D.Janzen, “The Mission of Ezra and the Persian-Period Temple Community”, JBL 119 (2000) 619-643.

18. Las invectivas del profeta no se reducen no se agotan en los discursos, alcanzan la dimensión simbólica: La faja en el río Eúfrates (Jr 13,1-11), los cántaros estrellados (Jr 13,12-14), simbolismo de la vida del profeta (Jr 16,1-13), la casa del alfarero (Jr 18,1-12), el jarro roto y el altercado con Pasjur (Jr 19,1-20,6).

19. La fórmula de juramento de Jr 7,7-9 es semejante a Jr 16,14-15.

20. En referencia a la nueva alianza es muy interesante: J.S. Croatto, “De la alianza rota (Sinaí) a la alianza nueva y eterna (Jeremías 11-20 + 30-33), RIBLA 35/36 (2000) 87-96. B.P.Robinson, “Jeremiah’s New Covenat: Jer 31,31-34”, SJOT 15 (2001) 181-204.

21. La evolución de la concepción del desierto desde el lugar árido hasta el encuentro con Dios aparece en: S.Talmon, “midbar”, TWAT IV, 660-695. Visión en la perspectiva de Oseas: H.Simian-Yofre, El Desierto de los dioses. Teología e historia del libro de Oseas, (Madrid 1993).

22. Esta nueva alianza adquiere gran importancia en el NT; para precisar sus características en el AT y su repercusión en el nuevo: A.Vanhoy, La Nuova Alleanza nel Nuovo Testamento, (Roma 1988); C.A.Franco, Jesucristo, su persona y su obra en la carta a los Hebreos, (Madrid 1992). Referencia al cambio de alianza: G.J.Nieto, “El quiebre de estructura propuesto por Jeremías 31,31-34”, EstBíb 58 (2000) 495-512.

23. Jeremías, en la tristeza del lamento, recorre la historia de Israel: narra la salida de Egipto, los prodigios de Dios en favor de su pueblo y el regalo de la tierra; pero también reconoce el pecado de Israel, la advertencia de Dios contra su pueblo, y constata como la amenaza divina acontece mediante la invasión caldea.

24. Lo que disgusta al Señor es “la maldad de los hijos de Israel y de los hijos de Judá, que, para provocarme, obraron ellos, sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes y profetas [cf. Jr 2,8; 7,1-8,3; 21,1-7; 23,9-40] el morador de Judá y los habitantes de Jerusalén [cf. Jr 13,13,12-14] (Jr 31,32)”; la maldad aparece enmascarada tras las ceremonias idolátricas: “pusieron sus Monstruos abominables en el templo donde invocan mi Nombre, profanándolo, y fraguaron los altos de Baal que hay en el Valle de Hinón para hacer pasar a sus hijos e hijas en honor de Mólec” (Jr 32,34-35). La idolatría cultural como máscara de la injusticia: C.A.Kennedy, “The Semantic Field of the Term Idolatry”, en Uncovering Ancient Stones: Essays in Memory of H.N.Richardson (Winona Lake 1994) 193-204. M.B.Dick (ed.), Born in Heaven, Made on Earth: The Making of the Cult image in the Ancient Near East (Winona Lake 1999).

25. Discusión de la inclusión del hecho narrado en las obligaciones del año sabático: F.Ramis, “L’Any sabàtic i l’any jubilar. Fites per a la utopia d’Israel”, Comunicació 88-89 (1997) 161-170.

26. Referencia a Gn 15,17-21 donde Dios traba una alianza con su pueblo; pero en Jr 34,18.19 adquiere el matiz inverso: en Gn 15,17-21 el becerro moría cortado en dos, sin embargo en Jr 34,18.19 son los israelitas quienes mueren partidos por la mitad. De ese modo la alianza construida en Gn 15,17-21 se destruye en Jr 34,18-19.

27. La vida de Jeremías representa la inversión de la liberación de Egipto. El pueblo hebreo transita desde Egipto hacia la Tierra Prometida, mientras Jeremías recorre el camino inverso: Jeremías junto con un grupo capitaneado por Juan es obligado a huir a Egipto (Jr 41,17; 42,1-22; 43,1-7), donde prosigue su ministerio (Jr 44,1-30).

28. Ver: L.Alonso – J.L.Sicre, Profetas vol II, (Madrid 1980) 665-855. F.Sedlmeier, Das Buch Ezequiel Kapitel 1-24, (Sttugart: KBW 2002). Para la relación teológica entre Ezequiel y Jeremías: H.Leene, “Ezequiel and Jeremiah: Promisses of Inner Reneval in Diachonic Perspective” en J.C. de Moore – H.F. van Rooy (eds.), Past, Present, Future: The Deuteronomistic History and the Profets, OTS 44 (Leiden 2000). Relación de ambos profetas con la situación histórica: H.Rouillant-Bonraisin, “Ésaïe, Jérémie, et la politique des rois de Juda” en A.Lamaire (ed.), Prophètes et Rois, (Paris 2001) 177-224. Ofrecemos la siguiente propuesta práctica: 1º Introducción (Ez 1,1-3,21); 2º Narraciones anteriores al asedio final de Jerusalén (Ez 3,22-24,27); 3º Oráculos contra las naciones (Ez 25,1-32,32); 4º Narraciones acontecidas durante y después del asedio final de Jerusalén (Ez 33,1-39,29); 5º Proyecto de reconstrucción religiosa de Palestina propuesto en la obra de Ezequiel (Ez 40,1-48,35).

29. Los medios utilizados or Jeremías son plurales. Símbolos: La mudez personal (Ez 3,26); el ladrillo y la sartén (Ez 4,1-2.3); el dormir de lado (Ez 4,4b.6); cocer los alimentos mediante excrementos (Ez 4,12.16); raparse parte del pelo (Ez 5,1-4); la figura de la tau (Ez 9,4); la marca de los caminos (Ez 21,24). Condenas verbales al comportamiento de Israel: (Ez 6,1-10; 11,1-4; 22). Amenazas de destrucción: (Ez 6,14). Visiones: (Ez 8,1-18; 10,2). Anuncio de castigo (Ez 9,1-11; 24). Crítica a los falsos profetas y profetisas (Ez 13,1-16.17-23). Parábolas y alegorías: (Ez 15-17; 19-20; 23). Alusiones a la responsabilidad personal (Ez 14,12-23; 18,1-32)

30. El texto data la fecha de la consulta: “El año séptimo, el día diez del quinto mes” (Ez 20,1), que corresponde a Julio-Agosto del 591.

31. Forma completa: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (Ex 3,6). Referencia al origen y evolución de la fórmula: B.S.Childs, Exodus (London 1987) 47-89.

32. La elección de Israel se perfila en la historia deuteronomista (Dt 4,37; 7,1.16; 10,1.14; 1Re 3,8); y se clarifica en Is 41,8-13; 43,10a; donde Israel es elegido para la misión de atraer a las naciones a Yahvé (Is 42,6-7; 43,20-21; 44,5). Ver: J.Bergmann – H.Ringgen, “rxb elegir”, THWAT I, 598-599.

33. La batalla de Yahvé para arrancar a Israel de las garras de los ídolos jalona el AT. No es sólo una lucha contra las imágenes sino contra lo que esas representas: afán de poder, ansia de poseer y deseos de aparentar. Para el tema de la idolatría: O.Loretz, “Semitischer Anikoismus und biblischer Bilderverbot”, en T.N.D.Mettingen, No graven images? Israelite aniconism in its Ancient Near Eastern Context (Stockholm 1995) 209-223. T.N.D.Mettingen, “The roots of aniconism: an Israelite phenomenon in comparative perspective” en V.Fritz and Ph.R.Davies (eds.), The Origins of the Ancient Israelite State, JSOTSup 28 (Sheffield 1996) 219-233.

34. Entendemos la partícula w en Ez 20,25.26 26 sentido interrogativo. Atendiendo al Deuteronomio la ley de Dios da vida, y es tan importante como el pan para seguir viviendo. Respecto a los sacrificios de niños, Dios reclama a los primogénitos pero no como víctimas de sacrificio: Gn 22; Dt 12,31; Miq 6,7; Sal 107,38. La inspiración próxima de Ezequiel puede ser Jr 7,31; 32,35: La mala interpretación de la Ley de los primogénitos ha resultado fatal, pero la mala interpretación no debe atribuirse a Dios sino a la conducta humana. Numerosos autores leen Ez 20,25.26 de modo afirmativo, o lo explican invocando 1Re 22,22 donde Dios envía un espíritu engañoso al profeta, pero eso nunca puede afirmarse de Moisés en el desierto. Ver: L.Alonso – J.L. Sicre, Profetas vol: II, (Madrid 1980) 752.

35. Ez 5,13; 6,7.13; 6,10.14; 7,4.9.27; 11,10.12; 12, 15.16.20; 13,9.14.21.23; 14,8; 15,7; 16,62; 17,21; 20,12.20.38.42.44; 22,16.22; 23,49; 24,24.27; 25,5.7.11.17; 26,6; 28,22.23.24.26; 29,9.16.21; 30,8.25.26; 30,19; 35,15; 33,29; 34,27.30; 35,4.9.12.15; 36,11.23.38; 37,6.13.14; 38,23; 39,6.7.

36. Ex 7,5.17; 8,6.18; 10,2.26. La frase la retoman otros libros; pero es importante observar las ocasiones en que la retoma Is 40-55 para referirse a su actuación sobre Israel: Is 45,3; 49,23; también 60,16. Paralelismo entre Ex 7,1-11,9 y Segundo Isaías: Childs, Exodus, 121-177.

37. Tras el desastre del 597, los deportados pensaban que los culpables eran quienes permanecían en Jerusalén; y quienes permanecían en la Ciudad Santa daban la culpa a los deportados. La rebeldía contra Babilonia se dio entre los habitantes de Jerusalén a pesar de las continuas advertencias de Jeremías; y también se dio entre los deportados que organizaron un motín por el que Sedecías tuvo que acudir a Babilonia a clarificar su postura. Consultar: R.Albertz, Historia de la religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento vol II, (Madrid 1999) 461-466.

38. La caída en la idolatría se representa bajo la imagen de la mujer prostituida retomando la metáfora de Os 1-3: Simian, El desierto de los dioses, 27-49. La idolatría abarca tres ámbitos: cultual (Ez 16,17); política: alianzas con Egipto, Filistea , Asiria y Caldea (Ez 16,25-29); y la injusticia contra el pobre y el indigente (Ez 16,20).

39. El término “Oholá” significa “su tienda, de ella”; y “Oholibá” significa “mi tienda está en ella”.

40. El texto refiere metafóricamente la destrucción del reino del Norte bajo Salmanasar V o Sargón II en 722.

41. La perícopa Ez 23,35-49, cita a Oholá y Oholibá (Ez 23,36.44), pero el contenido se aparta un poco del anterior Ez 23,1-34. El TM marca la diferencia mediante el signo s y, sintácticamente, comienza otro período con la locución ynda rma hk !kl (Ez 23,31): Alonso, Profetas, 769.

42. El término !kylwlg (Ez 23,49) aparece 38 veces en Ezequiel; está emparentado con la raíz llg “rodar” y con el sustantivo derivado que significa “porquería”, y refleja el carácter repelente de los ídolos. Ver: D.Bodi, Les gillulim chez Ézequiel et dans l’Ancien Testament, et les différentes pactiques cultuelles asssociés à ce terme”, RB 100 (1993) 481-510.

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